martes, 29 de enero de 2008

Los hombres del tiempo también fallan aquí

Al igual que allí, aquí los hombres del tiempo siempre mienten, nunca dicen la verdad. Llevaba más de una semana con lluvia continua y anunciaba lluvia para hoy y mañana. Hoy no llovió, algo que mis pies han agradecido. Sí, porque las calles no tienen un buen sistema de drenaje y canalización. Se forman surcos que son ríos salvajes a las orillas de las aceras. Y en los pasos de peatones, cuando menos te lo esperas, pisas y te das cuenta de que el agua te llega a los tobillos. Entonces un maldice el mito californiano del sol y el surf.

Pero no sólo te fallan los hombres del tiempo. Aquí también te fallan los compañeros, como allí. Sólo que aquí te dejan tirado, cuando menos te lo esperas, por una partida de ajedrez o una maratón de integrales hiperbólicas en el club de Matemáticas. Entonces me quedo vestido con el uniforme del Sevilla, con mis zapatitos de tacos y el balón apoyado en la cadera, pensando quién irá a recojer los balones que eche fuera. El campo de fútbol americano se me ha quedado grande.

Y como tampoco hay recogepelotas y decido volver a casa me doy cuenta de que lo único que no me fallan son las ganas de tocar la guitarra. De disparar acordes contra la frikipandi que ha venido a robarme la tranquilidad. Entonces, en una de esas que se auguran como míticas, después de toda una noche en vela trabajando, me pateo los dos kilómetros ida, dos kilómetros vuelta, al Guitar Center de Colorado Blvd.

Me atiende Aaron Rumegge, un tipo agradable capaz de venderme hasta a su madre. Me contengo, que la beca no es la lámpara de Aladino... Y le pregunto por aquella guitarra que me había quitado el sueño desde hacía tiempo. Lo busca en el ordenador. Me dice que le queda una y, tras buscarla un buen rato, la encuentra junto a la mercancía que acababa de entrar. El segundo que tardó en sacar la guitarra del cartón y su funda de celofán se hizo eterno. Al final allí la vi, una hermosa Epiphone Les Paul de la serie 100 en color degradado de rojo cereza. Uno que es varón no lloró de la emoción, pero me costó.



Ahora sí, ahora tengo mi preciosa Les Paul. Ya "sólo" necesito a algún bajista y un batería renegado. Pero seguro, cuando escuchen a mi Epiphone gritar, no tardarán en volver a su sitio.

Un abrazo.

Nota del Autor:
1. El término frikipandi debe su existencia a María.
2. La guitarra es Epiphone. Las Gibson son como 10 veces el precio de la otra. Y, habiendo probado ambas, aún sigo sin saber por qué. Creo que una está hecha en China y la otra en Nashville. Sólo eso.
3. El que se haya dado por aludido tarda en contestar.

5 comentarios:

Hipólito dijo...

"El que se haya dado por aludido tarda en contestar."

Jajajaja! Paco, mis baquetas siempre estarán listas para aliñar las melodías de tu planta hasta que pikeritas zupermán rompa con a escobazos el techo. Ya sabes lo que pienso de todo esto... y también que al otro lado del charco tienes un compañero de aventuras musicales.

Disfruta de L.A. suertudo!!

Un abrazo,

Poli

F. Montero dijo...

Jejeje, eso es una buena noticia :P

Pues sí, ya sé que si el máster no sale bien, ahora ya puedo irme a tocar a Hollywood Blvd. y ganarme algunas perrillas.

Un abrazo!!!

toachus dijo...

killo que emocion un poco mas y se me corre el rimmel. un furte abrazo pichurri.

Anónimo dijo...

Siento no haberte contestado antes xo la gripe hace estragos n mi cuerpo.

Que sepas q la envidia corre mi cuerpo solo con pensar cm tiene que sonar esa maravilla, y mis manos lloran x pensar otra vez n tocar melodias dulces y suaves como cheesseland shop jejejeje.
Aunq tu sabes no he pregresado tanto como vosotros dos seguro, sois más virtuosos q yo.
Encantado estaria de poder ayudarte.
Un abrazo trsnatlántico.

Anónimo dijo...

Que exquisita tu guitarrita hijo mio,a ver si vas acabar tocando en algún antro de Hollywood. Si conoces a Scarlett por allí dale mi teléfono.

La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido. Leonard Bernstein.