domingo, 10 de febrero de 2008

No sueño con los angelitos

Y no es porque no quiera, es porque no duermo. En concreto, todo ocurre ese dia fatídico llamado jueves. Los deberes de fluidos (vaya tela) y de matemáticas, que son infernales, tienen que ser entregados los viernes. Así que nada, lo intento, pero no sé cómo lo hago, desde que llegué, no ha habido una noche del jueves al viernes que no me la haya pasado trabajando. Eso supone que llego al viernes por la noche con una caraja que no me mantengo en pie. Y eso supone, que soy capaz de meterme en la cama a las diez de la noche y despertarme el sábado a las cuatro de la tarde. Y, por supuesto, eso supone que pierdo el sábado, porque me levanto con una resaca de abstemia que no puedo con ella. Y me acuesto tarde el sábado y me levanto tarde el domingo, con un poco de suerte, para llamar a mi gente. Cuando me hablan del domingo... cambio de conversación. Pero acaso, ¿es tan horroroso el jueves? Os cuento.

Me levanto con sueño porque la clase de Sólidos es más temprano. Y continuo con sueño en la clase, porque es soporífera. Vuelta a ver un compendio de las asignaturas de elasticidad, resistencia, estructuras, ampliación de estructuras, etc... pero en plan analítico. Sin un sólo dibujo en la pizarra. Nada más ecuaciones. Amenizado por el profesor Ravichandran. Para los que piensen que eso está hecho, pues no. Los exámenes que pone el 'Ravi' son un 'rabi'. Bueno, termino a las diez y media y me vengo a casa, a trabajar un poquito con matemáticas. Pero entre que me pongo y no, ya es tiempo de hablar por el Skype. Entonces me pongo a hablar con la familia, con la novia, con la Piskas, con la Hadji, con el Lolo... Ya son las tres. Hora española para el comer (aquí se come a las doce, cosa a la que me niego acostumbrar). Cocino para mí y después me marcho de casa. Cuando salgo de mi habitación echo un vistazo general y pienso "¿cuándo volveré a ver este cuarto?". Pongo rumbo a la biblioteca que os enseñé hace tiempo y empiezo con fluidos.


Yo intentando resolver un problema de fluidos.

Los deberes de fluidos son como el arte abstracto. Es toda una sorpresa. Le das una vuelta y otra más, y vuelves a donde habías empezado. Más ahora, que lo que estamos viendo no lo había visto antes (ondas acústicas, propagación de ondas de choque, discontinuidades de flujo, etc.). Nos ponemos a trabajar en serie (y en serio), y nos dan las diez, las once, las doce, la una, las dos y las tres. Antes, por supuesto, parada en la C'Store (convinience store) que abre hasta la una, para tomarte un sandwich que te cuesta seis bucks. Pero paradita breve, que tenemos que seguir.

Los más aburridos se han marchado ya a casa, pues a esa hora sólo quedamos los intrépidos. A los que nos gusta el riesgo (¿qué es la vida, sino riesgo?). Y yo, con dos cojones, empiezo mis deberes de matemáticas a las dos de la mañana. Lo que jode es que no soy el único. Así que nada, venga a calcular transformadas de Laplace, ecuaciones diferenciales, y más ampliación de matemáticas. Uno se pregunta a las cuatro de la mañana qué coño hace ahí, en Los Ángeles, a las cuatro de la mañana, resolviendo sistemas de ecuaciones diferenciales. Es como un flashback a segundo de carrera, ese odioso año. ¡Ese no era el concepto de máster que yo tenía! En fin, todo sea por el sector aeroespacial andaluz.

M.Sc. Aerospace Eng. 2007 - Entrada del JPL.
Agachados (dcha. a izq.): Manolo, Jason y Vahe (el tigre de Armenia).
De pie (dcha. a izq.): Prakhar, Yo, Inki, Ajay, Nick, Lan, Jon y "A guy in our class".

Con un poco de suerte habré terminado a las ocho de la mañana. Entonces me acerco al Red Door Café y me pido un café supergay. Entonces es cuando, en función del efecto del café, decido si entro a clase de fluidos o me voy a sobarla. El problema gordo surge cuando, como esta semana, el homework de matemáticas es muy jodido. Tan jodido, que tienes que seguir trabajando en la biblioteca hasta las cinco de la tarde, que es la hora límite. Señores, récord, trece horas seguidas en la biblioteca. Con razón la gente empieza a mirarte raro. Y yo comienzo a pensar que, como jugador de hockey, yo no tendría precio. Motivación, lo que se dice motivación, tendría mucha.

Mamá, quiero ser jugador de hockey.
Fran, dejo el fútbol siete.

Lo mejor del día, es cuando viene el hombre de la limpieza a las siete de la mañana. Y pasa la aspiradora mientras nos ve con cara de resignación. Supongo que será una satisfacción ver que hay gente que está más jodida que tú.

Bueno, que quiero decir que en la ciudad de Los Ángeles, uno ya no sueña con angelitos. Uno lo que sueña es que se va a dormir. Porque ya, ni siquiera en la cama, uno duerme.

¡Dulces sueños!